Hubo un tiempo en el que diversos lugares públicos,
sobre todo bares y pubs, lucían con orgullo, aunque en ocasiones con dudosa
credibilidad, aquello de: “Hemingway estuvo aquí”. La moda fue tan agobiante
que produjo la reacción de otros tantos establecimientos que lucían, y lucen,
el cartel: “Hemingway nunca estuvo aquí”. Es de suponer que en este caso
siempre sea verídico.
Hoyo de Manzanares puede afirmar con plena veracidad
que Cela estuvo aquí, parafraseando ese eslogan, y presumir con orgullo de la
estancia en el pueblo de uno de los pocos españoles que han conseguido un
premio Nobel de literatura. En efecto, no se tiene conciencia de que ni
Echegaray, ni Benavente, ni Jiménez, ni Aleixandre, ni, tampoco el
peruano-hispano Vargas Llosa, hayan tenido contacto personal con Hoyo de
Manzanares.
Por cierto, entre ambos novelistas existían significativas diferencias de edad, cultura o sensibilidad política, lo que no impidió que establecieran una relación de amistad seguramente basada en su enorme capacidad para observar y analizar a las personas, sus entornos y sus reacciones, que dejaba en un plano inferior las citadas diferencias.
Cuando Hemingway fue a visitar a Cela en Mallorca, en
1956, ya había sido galardonado con el Nobel dos años antes. A buen seguro que
Cela le preguntaría sobre esa experiencia que él conseguiría vivir 33 años más
tarde.

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