domingo, 18 de enero de 2026

La carta

La estancia de Cela en Hoyo trajo distintas consecuencias, la mayoría de las cuales tienen forma de escritos, como no podía ser menos, dado de quien estamos hablando.

La primera son las 28 cartas remitidas a Charo que son la base principal de todo cuanto se recoge en este Blog. No estoy autorizado para reproducirlas, salvo la datada el 2 de agosto, que fue publicada por El Mundo el 22 de junio de 2013 y que es el origen de mi interés sobre el paso de Cela por Hoyo de Manzanares.

Sirva este único ejemplo para certificar la existencia de las otras 27 cartas y para analizar brevemente su interesante contenido.

Entendamos el estado de ánimo de Camilo que se encuentra sólo, añora a su Charo, a la que había conocido dos años antes, y le escribe una apasionada carta de amor. Empieza hablándole de su tristeza, de su bajada de peso, pero, sobre todo de su preocupación por la ausencia de su amor: ¿Vendrás de verdad el domingo que viene? No era sencillo el desplazamiento desde Madrid en servicio público y Charo no disponía de automóvil propio o familiar.

De la tristeza, pasa a la romántica desesperación derivada de no tener el dinero necesario para poder casarse y venirse a vivir a cualquier casa de aquí. Dice envidiar a quienes tienen aquí a sus mujeres. Pero relega su propia felicidad, a la que cree tener tanto derecho como los demás, a la de su amada. Algo debió de ver el futuro Académico, Príncipe de Asturias, Nobel, Cervantes, Senador Real y Marqués de Iria Flavia, en Hoyo de Manzanares que llamara su atención y levantara su envidia, y nos autoriza a imaginar que de haber contado con el dinero necesario podría haberse convertido en residente o visitante asiduo de Hoyo de Manzanares, donde hoy tendría, plaza, placa o estatua, dedicadas a su memoria, con más razón, o menos sinrazón, con la que los mallorquines han premiado y festejado a Chopin.

Termina retando dialécticamente a Charo al afirmar: De lo que yo te quiero tú no tienes ni una lejana idea, poniendo bien de manifiesto su fuerte personalidad. La despedida no deja de ser curiosa; tras pedirle que le escriba muy largo le dice a Charo: Te adora tu marido, aunque debería esperar dos años más, para alcanzar esa condición.

Como es bien sabido y pese a haber engendrado a su hijo Camilo, el matrimonio no duró “para siempre”, sino sólo 46 años. Los últimos 12 años de vida los pasó Cela al lado de Marina Castaño.

La entrañable carta manuscrita, con su data, es en sí misma un documento muy significativo de la presencia de Cela en Hoyo, pero lo es aún más la confesión de su envidia hacia aquellos que tienen aquí a sus mujeres. Yo aproveché esto de la envidia para “traer” a Hoyo a Ernestina, la inventada mujer del inventado Miguel Vela, en el caso de Mi verano con Cela en Hoyo, y a la real Carmen, mujer de Eugenio Baras, en el caso de La forja de una amistad. Licencias literarias.

 


[1]En la data pone 2-VII-42, pero debería poner VIII, que fue domingo. O Cela no había “cambiado” el mes o se le quedó en el tintero un “palito”

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