jueves, 15 de enero de 2026

Ucronía

Fernando Esteban Núñez

Interesado y algo sorprendido por la lectura de Cela versus Hoyo, mi vecino Fernando Esteban me ha comentó que, en 1999, siendo Primer Teniente de Alcalde, intentó que Camilo José Cela ejerciera de pregonero en las fiestas de ese año. Parece que el intento no pasó de una llamada telefónica, en la que le comunicaron que, por problemas de salud, le resultaba imposible atender tan amable invitación.

Hasta aquí la anécdota, que no tiene más recorrido…, pero yo estoy demasiado involucrado en el binomio Cela-Hoyo como para dejar pasarla por alto sin hacer algunas consideraciones al respecto…, y ahí es donde empieza la ficción.

Cela de pregonero en Quiroga en el año 1990

La primera y obligada elucubración está unida a la mencionada llamada: ¿le llegó a Cela la invitación, en un periodo en el que el Nobel se encontraba “sobre protegido”, y de forma especial de ciertas vivencias de su pasado? Supongo que nunca lo sabremos, aunque es bien cierto, por desgracia, que la excusa de la salud era más que creíble.

Pero es el momento de dejar correr la imaginación y meterme de patas en la ucronía.

Quisiera pensar que, de haber recibido la llamada y de haber tenido salud para ello, Cela habría aceptado la invitación una vez que había dejado atrás sus reticencias hacia su pasado en el Nuevo Sanatorio, como parece probarlo la referencia hecha en sus Memorias, entendimiento y voluntades de 1993.

No es difícil adivinar que el pregón de Cela, que yo habría ido a oír con curiosidad por ser el escritor, aunque con ciertas reservas por ser, también, el personaje, seguramente habría alternado los recuerdos “olvidados”, con los logros alcanzados y la alegría de lo vivido, incitando a los peñistas a gozar de las fiestas; no sé si, incluso, habría sido tan audaz como para brindarse a dar unos capotazos en alguna corrida.

Pero más allá del pregón y su contenido, que era la razón de ser de la vuelta de Cela a Hoyo, lo que más me interesa es el contexto de la imaginada visita. Lo más lógico es que el Alcalde, José Luis Gervás (1999-2003) y Fernando Esteban, con el buen hacer de Juan de Orduña, habrían acompañado a Cela a visitar el Colegio que fue Sanatorio; Cela habría “descubierto” a todos que donde estuvo realmente fue en Toki Alai identificado la planta en la que estuvo residiendo; habría contado diversas jugosas anécdotas de su estancia; habría recordado médicos, miembros del personal y algún que otro compañero como Eugenio Baras y Felisa Ibáñez de Aldecoa; habría recordado las sesiones fotográficas; se habrían acercado a lo que hoy llamamos la “silla de Cela” para comprobar que seguía ahí, etc…

La visita y el pregón habrían tenido un importante eco en los medios, con participación significativa de la prensa del corazón, como era habitual que asegurara el entorno que por aquellos años rodeaba al Nobel, con una consecuencia inmediata: se habría hecho pública la estancia Cela en Hoyo en el verano de 1942 y la importancia que tuvo para su salud y su carrera (lo del noviazgo con Charo se habría tratado con sordina).

Con el buen sabor de boca de la visita y el pregón, y con la repercusión del evento en los medios, el Ayuntamiento habría debatido sobre cómo aprovechar el tirón para el pueblo. Tal vez se habría planteado dar el nombre de Cela a una plaza o una calle; alguien habría propuesto “recuperar” la habitación de Cela, reproduciendo lo más fielmente posible lo que sería una habitación del Sanatorio antituberculoso de aquellos años, como habían hecho en la Cartuja de Valldemossa con la habitación de Chopín, que ahora sería un importante reclamo turístico; quizás alguien habría propuesto crear una ruta telemática de Cela (anticipando la ruta “analógica” creada por el Ayuntamiento con el pilotaje experto de Marisa Baelo); etc…

En definitiva, Cela habría materializado su reencuentro con Hoyo en vida (sin tener que ir de muerto con la Santa Compaña a San Andrés de Teixido), de forma más sólida y eficaz de lo que me tocó a mí oficiar en 2014. Todo habría sido más sencillo, yo habría sido un espectador interesado y asombrado al conocer todo lo que había unido a Cela y a Hoyo en el pasado, y ahora en el presente, sin tener que hacer tanta averiguación, ni tener que haber gastado tanta tinta ni tanto byte como llevo gastados, con menguado éxito.


No hay comentarios:

Publicar un comentario