Camilo José Cela estuvo en el
Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares entre el 1 de julio y el 28 de agosto de
1942, es decir, un total de 59 días. La primera y más lógica reacción sería la
de tener en poco un espacio de tiempo tan corto en la vida de un hombre que
llegó a los 86 años, salvo en el caso de que, durante el mismo, se hubieran producido hechos importantes.
En principio, lo único que Camilo
debía hacer en el Sanatorio era comer y descansar, actividades que no deberían
dejar más huella que alguna lorza en la cintura, pero pedirle quietud a un
hombre como él, que además en aquel momento estaba lleno de dudas,
inseguridades, inquietudes y amor, era demasiado y esa breve estancia, como se
podrá comprobar en lo que sigue, se convirtió en un hito significativo en su
vida y su obra.
No obstante, es cierto que una y
otra parte, Cela y Hoyo, Hoyo y Cela, han venido viviendo de espaldas hasta
2013; Cela había “resuelto” su paso por Hoyo con esas algunas citas, dudosas y
contradictorias, mientras que Hoyo “sabía” lo de Cela, puesto que aún quedan
testigos de su estancia, pero lo trataba con sordina, sin entrar en detalles.
Sobre ambas actitudes se exponen posibles explicaciones que en ningún caso
alcanzan la categoría de “razones”.
Quizás resulta oportuno comparar
la estancia de Cela en Hoyo con la de Chopín en Mallorca. Para empezar, se
trata de dos grandes creadores, de dos enamorados y de dos enfermos de pulmón
(ahora hay médicos que creen que lo de Chopín era fibrosis quística y no
tuberculosis)[1]. El músico tenía 28
años y Cela, 26. Curiosamente, tanto Cela en Hoyo, como Chopín en la Cartuja de
Valldemossa, estuvieron sólo 59 días (Chopín y Sand pasaron otros 36 días en
Mallorca, entre Palma y sus alrededores)[2].
Pero los paralelismos terminan aquí. La pareja "mallorquina"salió deprisa y corriendo huyendo del clima y de la gente de Valldemossa y despotricando, sobre todo George Sand, de Mallorca y sus habitantes a los que tachó de atrasados, tímidos y de insigne mala fe, rematando su inquina al calificar a Mallorca como la isla de los simios.
La conservadora población
mallorquina de aquella época rechazó a una pareja que no estaba casada, que no
asistía a la iglesia, que la mujer era fumadora y de apariencia masculina,
mientras que el hombre estaba diagnosticado como tuberculoso, lo que exacerbó a
sus vecinos cercanos que forzaron su salida de la casa donde residían en Palma
para evitar contagios. Se llega a hablar de apedreamiento por parte de los
lugareños.
Esta estancia, que terminó de
forma tan poco afortunada, curiosamente ha tenido a la postre un final
extraordinariamente positivo; los 59 días en La Cartuja se han convertido en
uno de los paradigmas universales del amor, calificativo que alcanza a toda la
isla de Mallorca, y los desafectos Sand y Chopín han sido declarados hijos
adoptivos con gran satisfacción de propios y extraños.
Por el contrario, Hoyo guardó en
el baúl de sus recuerdos el paso de Cela hasta el año 2013 y, en paralelo, Cela
guardó un discreto silencio sobre este episodio, por “razones” que sólo pueden suponerse. Por cierto, Cela encontró en la Mallorca de Chopín el entorno físico
y social adecuado para materializar el cuerpo central de su enorme obra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario