jueves, 22 de enero de 2026

Dónde estuvo

Desde luego, en Hoyo

Hoyo de Manzanares tenía y tiene una muy bien ganada fama de pueblo saludable. Alberto Clavero[1], dedica en su libro gran atención a las excepcionales virtudes y características del agua, el aire y el suelo de Hoyo que le convierten, según su opinión, en un “sanatorio natural”. Como podrá comprobarse estas afirmaciones entusiastas se basan, en hechos positivos observados antes de los años 40, como eran una elevada longevidad y, sobre todo, una mortalidad infantil notablemente menor a la de otras poblaciones. La explicación de estos hechos, según Clavero debe encontrarse en dos peculiaridades hoyenses: sus aguas cárdenas y su radiactividad.

Los expertos de la época, y muy en especial Muñoz del Castillo[2], estudiaron las aguas de varios manantiales de Hoyo, que tenían una apariencia opalina debida a la suspensión coloidal de sílice, magnesia y otros elementos, y que tenían efectos positivos tanto intestinales como bronquiales. Las bautizaron con el atractivo nombre de aguas cárdenas. Estas aguas, una vez llevadas a evaporación, dejaban una cantidad importante de residuos (bicarbonatos, sulfatos y cloruros) que incluían algo más que trazas de radio, lo que introduce la componente radiactiva.

En los años 20 la radiactividad era considerada como una circunstancia altamente positiva; se ponderaban las aguas medicinales que eran ligeramente radiactivas, así como aquellos terrenos graníticos que también lo eran. Muñoz del Castillo y sus colaboradores del Instituto de Radiactividad tomaron muestras del agua, del aire y de los terrenos llegando a algunas conclusiones que ahora, cuando se ha abierto la “veda” del radón, pueden resultar sorprendentes. Observaron, por ejemplo, que en las casas que no estaban soladas, la radiación (la exhalación de radón, decimos ahora) era más alta, y proponían que no se solaran y que sus moradores durmieran tan cerca del suelo como les fuera posible para inhalar una mayor cantidad de radiactividad, lo que redundaría en la mejora de su salud.

En cualquier caso, en la primera mitad del siglo XX en la que la tuberculosis extendía su negra amenaza por el mundo occidental, éste no tenía más recurso que el aire seco y limpio y la buena alimentación para atajarla, por lo que las zonas montañosas ofrecieron su acogida a los sanatorios antituberculosos.

En los alrededores de Madrid, Guadarrama, Cercedilla o Arenas de San Pedro habían sido localidades elegidas a tales efectos. En 1923, haciéndose seguramente eco de los estudios antes mencionados, la revista El Siglo Médico afirmaba que Hoyo era: un rincón de la sierra llamado a adquirir renombre nacional, tanto por su climatología como por la salubridad de sus aguas que contenían sílice coloidal que actuaba como protectora del sistema pulmonar.

Consecuentemente con esta buena fama el Gobierno civil de Madrid decidió la construcción de un primer sanatorio antituberculoso en Hoyo de Manzanares, denominado Los Picachos, que estuvo situado en la finca llamada Miralpardo, donde hoy está ubicada Masada perteneciente a la Comunidad israelí de Madrid. Abrió sus puertas a finales de 1929.

Más adelante, en 1932, se produjo la apertura del Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares. La dirección se le encargó al doctor Rafael Navarro Gutiérrez que también era Director por oposición del Dispensario Antituberculoso Central de Buenavista (Madrid), y que anteriormente había sido médico interno del Hospital Nacional y del Sanatorio de La Fuenfría. 

Habitación del Nuevo Sanatorio
Este Nuevo Sanatorio inicialmente sólo tenía capacidad para recibir a cuarenta enfermos por lo que, y esto en muy relevante en lo que sigue, sus dueños, al terminar la guerra y dispararse la demanda de plazas antituberculosas propusieron y obtuvieron el permiso para ampliarlo, duplicando su capacidad. El edificio en el que estuvo alojado el Nuevo Sanatorio, es que hoy acoge las cocinas del CEIP Virgen de la Encina.

 Sí, pero ¿dónde estuvo Cela?

Este es un punto sobre el que he tenido que rectificar mis primeras afirmaciones, basadas en una información que al parecer no era veraz. La historia es sencilla:

El 23 de abril de 2014, una vez concluidos los actos del Sanatorio-Colegio y de la Inauguración de la Biblioteca, en la sobremesa del almuerzo ofrecido por el Ayuntamiento a los Cela, apareció Victorina Rosado, debidamente compuesta como era habitual en ella, para contar a Camilo que había conocido a su padre, así como para insinuarle que había sido autor de no sé qué picardías. Aseguró, con total seguridad que Cela había estado alojado en una habitación de la planta baja del hoy Colegio, en concreto la número 8, y así lo asumimos cuantos allí estábamos presentes.

Remarcada la zona ampliada
Como Cela Conde estaba rodando por aquellos días el Documental titulado: El recuerdo más cercano, en colaboración con Carlos Agustín y Belén Tánago, todos entendieron que era necesario recoger el testimonio de Victorina y el mío, para lo cual nos desplazamos al Colegio y allí, delante de la habitación 8, Victorina habló de sus recuerdos y yo de las informaciones que había ido recogiendo hasta aquél momento.

Luego, como se comenta a continuación, resulto que no era cierto. ¿Mintió Victorina? No lo creo, entiendo que conformó sus recuerdos de su trabajo en el Sanatorio, unos años después, a lo que le pareció más importante y atractivo.

Tanto en Mi verano Cela en Hoyo, como en Cela versus Hoyo yo tenía ubicado a Cela en esa habitación 8, por lo que, conocida la nueva información, no tuve más remedio que “trasladarle” de habitación y de edificio.

¿Y cuál fue esa nueva información que motivó mi rectificación? Pues una obtenida de la lectura detallada del libro: Los sanatorios antituberculosos de Hoyo de Manzanares, escrito por Pilar García Martín y Juan Antonio Morales Bonmatí[3], que contiene abundante e interesante información sobre esos sanatorios, incluyendo las oportunas citas sobre la estancia de Cela en el Nuevo Sanatorio. Una de esas citas llamó poderosamente mi atención; se trata de la incluida en la página 55, en la que, tras haber establecido que la finca Toki Alai, aledaña al Sanatorio, fue habilitada temporalmente para unos diez enfermos menos graves, se dice textualmente: Se baraja la posibilidad de que, parte del tiempo de ingreso de Cela en Hoyo de Manzanares, transcurriera en este chalé.

Esta suposición, que al parecer es cosa de Pilar García Martín, tiene muchos visos de ser certera. Tras conocer esa hipótesis y mantener una primera conversación con Pilar, me puse a revisar toda la información disponible que pudiese estar relacionada con ella, así como a buscar datos complementarios, y llegué a la conclusión de que era coherente con lo siguiente:

     Entre los dueños del Nuevo Sanatorio al principio de los años 40 estaba Rafael Guisasola Bilbao (pelotari conocido como Begoñés III), que era también propietario del chalé Toki Alai, contiguo a los terrenos del Sanatorio[4]. No es de extrañar que, durante el periodo que duraron las obras de ampliación, y para no perder la demanda de camas, los propietarios utilizaran el chalé para residencia de las trabajadoras en su planta baja, y como “pabellón de reposo” de unos diez enfermos no contagiosos, en su planta alta.

     En las cartas a Charo no hay ninguna mención concreta sobre el edificio en el que está alojado, pero sí se refiere a una tal Doña Paquita que es una señora encargada del pabellón donde yo estoy; lo del “pabellón donde yo estoy” parece muy compatible con la idea de estar en otro edificio, distinto del general en el que hoy se ubican las cocinas lel Colegio.

     Por otro lado, es evidente que Cela localiza muy pronto la encina que “brota” del granito, que le sirve de leitmotiv tanto para escribir el poema hoyense Nupcial, como para incluir sendas referencias al inicio y a la conclusión de su Pabellón de reposo. Pues bien, esa encina y ese granito son lo que en su día bautizamos como la “Silla de Cela” y están en Toki Alai, al pie el cahlé, que fue pabellón.

     No es de extrañar que tanto Cela, como Eugenio BarasPadilla, como Felisa Ibáñez de Aldecoa, todos ellos enfermos no contagiosos, estuvieran alojados Toki Alai, convertido transitoriamente en pabellón de reposo, en tanto no se concluyera la ampliación del edificio principal.

Toki Alai en la actualidad
En conclusión, y en lo que a mis investigaciones y elucubraciones respecta, “saqué” a Cela de la habitación 8 en la que le había “alojado” y le dejé definitivamente en el Toki Alai (“pabellón de reposo”) junto a sus amigos Eugenio y Felisa, al cuidado de Dª Paquita.



[1]Clavero Roda, Alberto. Hoyo de Manzanares en la Historia (2000)

[2]Muñoz del Castillo, José. La radiactividad en Hoyo de Manzanares, Madrid: Sucesor de Enrique Teodoro, 1923

[3] Editorial Rapitbook 2022

[4] Otros condueños parecen ser propio Director, Valdés Lambea, un promotor llamado Agapito Herrero, vinculado a diversas inversiones en el puerto de Navacerrada y José María Ruiz, médico titular de Hoyo.


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