lunes, 19 de enero de 2026

Felisa

En la carta del día 5 de julio, Camilo menciona por primera vez a “Felisa Aldecoa” y ese es el nombre que quedó establecido en la bibliografía celiana. Pero ¿quién era esa “Felisa Aldecoa” que luego jugaría un papel trascendente en la publicación de la primera gran novela de Cela? En realidad, se trata de Felisa Ibáñez de Aldecoa y Arroyo, aunque las distintas referencias de Cela hayan hecho que se incorpore a la historia menuda de la literatura como Felisa Aldecoa, ¡porque Camilo así lo escribió!

¿Cuál es la razón del cambio? ¿Se presentaba la propia Felisa con ese apellido? ¿Eliminó Cela el Ibáñez por su peculiar aversión a los apellidos acabados en ez? ¿O lo hizo fascinado porque el nombre de la Editorial de la familia era, Aldecoa? Sea cual sea el motivo del cambio lo cierto es que cualquiera que se acerque a la obra de Cela se encontrará con “Felisa Aldecoa” como pieza importante en el inicio de su brillante carrera.

Camilo, Charo, Felisa y Miguel Ángel
Esta Felisa Ibáñez de Aldecoa, que aparece en la fotografía apoyada en el hombro de su novio, Miguel Ángel Martínez Elorza[1], era la tercera de los ocho hijos que tuvieron Rafael Ibáñez de Aldecoa y Urcullu y Felisa Arroyo (casados en 1914). El primogénito llevaba también el nombre del padre, Rafael, como era habitual.

El padre de Felisa y de Rafael, era a su vez hijo del general Rafael Ibáñez de Aldecoa y Lara que participó en las guerras carlistas y en la de Cuba. Por su parte, Rafael Ibáñez de Aldecoa y Urcullu alcanzó el grado de general de brigada tras haber sido un miembro destacado del ejército franquista al frente del Batallón requeté que él mismo formó en 1936.

Compatibilizó su carrera militar con su amor hacia los libros que le llevó a crear la Editorial Aldecoa en 1920, en la que por razones no conocidas no utilizó el Ibáñez, tal vez para desligar su estatus militar de su actividad bibliófila.

La amistad entre Camilo y Felisa debió ser inmediata y bastante sincera como lo prueban las diversas citas que incluye en sus cartas. Cela afirma que tiene mucha gracia y que se había confabulado con él para entretener a Maruja, la hermana de Charo, cuando subieran juntas para permitir a los novios estar juntos todo el tiempo. Cela advierte a Charo que Felisa no da bacilo, lo que le permitía alojarse en el pabellón de reposo

La buena relación entre Camilo y Felisa la hizo merecedora de que Charo le regalara jabón del fino (supongo que de la Perfumería Hamburguesa), altamente apreciado en aquellos años.

El Pascual

Cela había subido a Hoyo con el inédito Pascual Duarte “bajo el brazo“. El desánimo se venía apoderando de él, al ver fracasar todos los acercamientos a las distintas editoriales con las que había contactado. Afortunadamente fue gracias a su estancia en Hoyo y a su relación con Felisa como se produjo el “milagro” de ver editada su primera novela, pero no deja de ser curiosas las dos versiones que de ello nos da el propio Cela.

-Hay una primera versión de los hechos que Cela incluyó, allá por 1951, en Andanzas europeas y americanas de Pascual Duarte, donde dice que:

Recordé a mi amiga Felisa Aldecoa, con quien coincidí un verano en Torrelodones. Fui a ver a su hermano Rafael -que corría entonces con la editorial-, le di mis cuartillas, y al día siguiente, en el hotel Alfonso, de la Gran Vía, que era donde vivía, me dijo: "No lo pienses más, yo te lo edito"

-La segunda versión aparece en las Memorias, entendimientos y voluntades, escritas en 1993, nuestro hombre dice:

José María de Cossío estuvo muy generoso conmigo, leyó la novela, le gustó y se la recomendó al editor José Janés..., pero se cruzó Rafael Aldecoa, a quien conocí a través de su hermana Felisa, compañera mía en el Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares, y la novela acabó saliendo en Burgos.

Esto coincide básicamente con lo que le contó a Charo en sus cartas desde Hoyo lo que le concede un plus de credibilidad. La mayoría de los eventuales lectores de una y otra versión podría no encontrar grandes diferencias entre ambas, pero para quien las observe desde Hoyo de Manzanares, las diferencias son evidentes y permiten interpretarlas aún a riesgo de caer en error.

En 1951 Cela tenía aún a flor de piel su reciente enfermedad que trataba de dejar atrás gracias a la curación lograda en Hoyo, pero no es de extrañar que no fuera de su agrado rememorar ese episodio y que prefiriera “haber conocido a Felisa en Torrelodones”, antes que en el Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares. En 1993, Cela ya podía “recuperar” una memoria más exacta sin recaer en padecimientos ya superados y una vez que la tuberculosis había dejado de ser un tabú social.

Algo similar sucedió con esas fotos que fueron tomadas al lado de Toki Alai y del Sanatorio y que fueron guardadas por Cela como “Torrelodones”. Así las encontró su hijo en el baúl materno.

Rafael

Procede ahora poner el foco sobre Rafael Ibáñez de Aldecoa y Arroyo, primogénito del militar editor y hermano mayor de Felisa.

Este Rafael era médico, al parecer especializado en enfermedades de la selva tras su estancia en Venezuela y la cuenca del Orinoco. Rafael, ante la ausencia forzada de su padre durante 1942, no tuvo más remedio, y bien a su pesar, que hacerse cargo de la dirección de la Editorial Aldecoa, con consecuencias trascendentes para Cela.

Según parece, el General de Brigada de Caballería Ibáñez Aldecoa había sido destinado a Aranjuez y lo más importante es que le habían encomendado la represión de los maquis que poblaban los Montes de Toledo. En eso debía estar preocupado y ocupado cuando su hijo tomó la decisión de publicar el Pascual, decisión que a buen seguro él no habría tomado de haber leído a tiempo el manuscrito.

Algún día del verano de 1942[2], Felisa le habló a Rafael de Camilo y se lo recomendó como: un chico muy ocurrente que escribe muy bien. A partir de aquí no están muy claros los hechos; o bien Felisa le hizo llegar a Rafael un ejemplar del Pascual, o bien Rafael tuvo un primer encuentro con Camilo quien le entregaría directamente una copia. En cualquier caso, esto sucedería a principios de septiembre.

Rafael, en su testimonio, continúa afirmando que la letra le pareció tan horrorosa que aplazó la lectura de la novela algo así como mes y medio (lo que nos sitúa a mediados de octubre). Eso sí, cuando decidió retomarla, la leyó de un tirón y decidió publicarla para sorpresa y placer de Cela. Rafael hizo un último intento de que el autor suprimiera la escabrosa escena del cementerio, pero el autor contestó que sin esa escena ya se la habrían publicado varias editoriales.

Se necesitaría el mes de noviembre para realizar todo el trabajo de corrección de borradores e impresión, y así conseguir que la novela pudiera estar en la calle a principios de diciembre.

Con respecto a la negativa de Baroja de escribir el prólogo “para no ir a la cárcel”, Rafael afirma que fue él, en una visita que realizó acompañando a Cela a casa de don Pío, quien formuló la propuesta que provocó la conocida contestación.

Es muy posible que antes o después Cela hubiera conseguido publicar el Pascual, pero lo cierto es que esto se produjo gracias a su estancia en Hoyo y que las cosas no eran sencillas, ni las circunstancias favorables, como lo prueban tanto la reticencia de Baroja como la requisa que las autoridades ordenaron hacer de la novela cuando Aldecoa publicó la segunda edición, ya en 1943, y eso a pesar de algunas buenas relaciones que Cela debería tener con determinados censores. Se ha dicho que Cela se adelantó y recogió él mismo todos los ejemplares, pero más bien parece que, como cuenta su hijo, fue por las librerías de Madrid, una a una, dando el aviso de lo que iba a ocurrir, con lo cual la mayoría de los libreros esquivaron la actuación de la policía.

En noviembre de 2012, con ocasión de conmemorar el 70 aniversario de la publicación del Pascual Duarte, se celebró en Burgos una exposición de la que fue Comisaria Covadonga Rodríguez, subdirectora de la Fundación Pública Gallega Camilo José Cela. El Correo de Burgos recogió algunos datos que enriquecen este episodio definitivo de la vida de Cela, como es por ejemplo una nota manuscrita en la que el autor, consciente de que hasta ese momento había estado tocando todo tipo de teclas, afirma:

El 7 de diciembre de 1942 aparece mi novela La familia de Pascual Duarte. Se acabó el divagar.

También es curiosa una carta de Rafael Ibáñez de Aldecoa en la que, confianzudamente, dice al joven Cela:

Bueno majo, un fuerte abrazo deseándote un feliz éxito. El toro ya está en la plaza, veremos cómo va la lidia

¡Pues como para salir por la puerta grande!

Por último, una petición del editor:

No olvides dar el toquecito correspondiente a Baroja como te pedí

Toquecito encaminado a que don Pío prologase la novela, petición que no fue atendida en aquel momento, pero sí en la tercera edición que salió con una faja en la que Baroja recomendaba su lectura.

El resto, es decir, la emisión en español de la BBC, la mimetización con Rommel: El zorro del desierto, etc., ya es historia que en la medida en que se alejan de la estancia de Cela en Hoyo y sus efectos más inmediatos dejan de ser pertinentes para su uso en este Blog, voluntariamente restringido al verano del 42.

Lo que importa es que la publicación del Pascual es la condición necesaria, el pistoletazo de salida, para una espectacular carrera literaria, y eso se fraguó en Hoyo de Manzanares.

 



[1] Juan Manuel Hortelano Fdez de Usera, miembro de la Asociación Cultural El Ponderal, al observar la foto, me hizo notar que lo que tiene Camilo en la mano es el cráneo de un jabalí, que encontraría durante el paseo.

[2] Entrevista con Rafael Ibáñez de Aldecoa, realizada por Ángeles Gil para El País, el 4 de marzo de 1982


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