En la carta del día 5 de julio,
Camilo menciona por primera vez a “Felisa Aldecoa” y ese es el nombre que quedó
establecido en la bibliografía celiana. Pero ¿quién era esa “Felisa Aldecoa”
que luego jugaría un papel trascendente en la publicación de la primera gran
novela de Cela? En realidad, se trata de Felisa Ibáñez de Aldecoa y Arroyo,
aunque las distintas referencias de Cela hayan hecho que se incorpore a la
historia menuda de la literatura como Felisa Aldecoa, ¡porque Camilo así lo
escribió!
¿Cuál es la razón del cambio? ¿Se
presentaba la propia Felisa con ese apellido? ¿Eliminó Cela el Ibáñez por su
peculiar aversión a los apellidos acabados en ez? ¿O lo hizo fascinado porque
el nombre de la Editorial de la familia era, Aldecoa? Sea cual sea el motivo
del cambio lo cierto es que cualquiera que se acerque a la obra de Cela se
encontrará con “Felisa Aldecoa” como pieza importante en el inicio de su
brillante carrera.
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| Camilo, Charo, Felisa y Miguel Ángel |
El padre de Felisa y de Rafael,
era a su vez hijo del general Rafael Ibáñez de Aldecoa y Lara que participó en
las guerras carlistas y en la de Cuba. Por su parte, Rafael Ibáñez de Aldecoa y
Urcullu alcanzó el grado de general de brigada tras haber sido un miembro
destacado del ejército franquista al frente del Batallón requeté que él mismo
formó en 1936.
Compatibilizó su carrera militar
con su amor hacia los libros que le llevó a crear la Editorial Aldecoa en 1920,
en la que por razones no conocidas no utilizó el Ibáñez, tal vez para desligar
su estatus militar de su actividad bibliófila.
La amistad entre Camilo y Felisa
debió ser inmediata y bastante sincera como lo prueban las diversas citas que
incluye en sus cartas. Cela afirma que tiene mucha gracia y que se había
confabulado con él para entretener a Maruja, la hermana de Charo, cuando
subieran juntas para permitir a los novios estar juntos todo el tiempo. Cela
advierte a Charo que Felisa no da bacilo, lo que le permitía alojarse en el
pabellón de reposo
La buena relación entre Camilo y
Felisa la hizo merecedora de que Charo le regalara jabón del fino (supongo que
de la Perfumería Hamburguesa), altamente apreciado en aquellos años.
El Pascual
Cela había subido a Hoyo con el
inédito Pascual Duarte “bajo el brazo“.
El desánimo se venía apoderando de él, al ver fracasar todos los acercamientos
a las distintas editoriales con las que había contactado. Afortunadamente fue
gracias a su estancia en Hoyo y a su relación con Felisa como se produjo el “milagro”
de ver editada su primera novela, pero no deja de ser curiosas las dos
versiones que de ello nos da el propio Cela.
-Hay una primera versión de los
hechos que Cela incluyó, allá por 1951, en Andanzas
europeas y americanas de Pascual Duarte, donde dice que:
Recordé a mi amiga Felisa Aldecoa, con quien
coincidí un verano en Torrelodones. Fui a ver a su hermano Rafael -que corría
entonces con la editorial-, le di mis cuartillas, y al día siguiente, en el
hotel Alfonso, de la Gran Vía, que era donde vivía, me dijo: "No lo
pienses más, yo te lo edito"
-La segunda versión aparece en
las Memorias, entendimientos y voluntades,
escritas en 1993, nuestro hombre dice:
José María de Cossío estuvo muy generoso
conmigo, leyó la novela, le gustó y se la recomendó al editor José Janés..., pero
se cruzó Rafael Aldecoa, a quien conocí a través de su hermana Felisa,
compañera mía en el Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares, y la novela acabó
saliendo en Burgos.
Esto coincide básicamente con lo
que le contó a Charo en sus cartas desde Hoyo lo que le concede un plus de
credibilidad. La mayoría de los eventuales lectores de una y otra versión
podría no encontrar grandes diferencias entre ambas, pero para quien las
observe desde Hoyo de Manzanares, las diferencias son evidentes y permiten
interpretarlas aún a riesgo de caer en error.
En 1951 Cela tenía aún a flor de
piel su reciente enfermedad que trataba de dejar atrás gracias a la curación
lograda en Hoyo, pero no es de extrañar que no fuera de su agrado rememorar ese
episodio y que prefiriera “haber conocido a Felisa en Torrelodones”, antes que
en el Nuevo Sanatorio de Hoyo de Manzanares. En 1993, Cela ya podía “recuperar”
una memoria más exacta sin recaer en padecimientos ya superados y una vez que
la tuberculosis había dejado de ser un tabú social.
Algo similar sucedió con esas
fotos que fueron tomadas al lado de Toki Alai y del Sanatorio y que fueron guardadas por Cela
como “Torrelodones”. Así las encontró su hijo en el baúl materno.
Rafael
Procede ahora poner el foco sobre
Rafael Ibáñez de Aldecoa y Arroyo, primogénito del militar editor y hermano
mayor de Felisa.
Este Rafael era médico, al
parecer especializado en enfermedades de la selva tras su estancia en Venezuela
y la cuenca del Orinoco. Rafael, ante la ausencia forzada de su padre durante
1942, no tuvo más remedio, y bien a su pesar, que hacerse cargo de la dirección
de la Editorial Aldecoa, con consecuencias trascendentes para Cela.
Según parece, el General de
Brigada de Caballería Ibáñez Aldecoa había sido destinado a Aranjuez y lo más
importante es que le habían encomendado la represión de los maquis que poblaban
los Montes de Toledo. En eso debía estar preocupado y ocupado cuando su hijo
tomó la decisión de publicar el Pascual, decisión que a buen seguro él no
habría tomado de haber leído a tiempo el manuscrito.
Algún día del verano de 1942[2], Felisa le habló a
Rafael de Camilo y se lo recomendó como: un
chico muy ocurrente que escribe muy bien. A partir de aquí no están muy
claros los hechos; o bien Felisa le hizo llegar a Rafael un ejemplar del
Pascual, o bien Rafael tuvo un primer encuentro con Camilo quien le entregaría
directamente una copia. En cualquier caso, esto sucedería a principios de
septiembre.
Rafael, en su testimonio,
continúa afirmando que la letra le pareció tan horrorosa que aplazó la lectura
de la novela algo así como mes y medio (lo que nos sitúa a mediados de
octubre). Eso sí, cuando decidió retomarla, la leyó de un tirón y decidió
publicarla para sorpresa y placer de Cela. Rafael hizo un último intento de que
el autor suprimiera la escabrosa escena del cementerio, pero el autor contestó
que sin esa escena ya se la habrían publicado varias editoriales.
Se necesitaría el mes de
noviembre para realizar todo el trabajo de corrección de borradores e
impresión, y así conseguir que la novela pudiera estar en la calle a principios
de diciembre.
Con respecto a la negativa de
Baroja de escribir el prólogo “para no ir a la cárcel”, Rafael afirma que fue
él, en una visita que realizó acompañando a Cela a casa de don Pío, quien
formuló la propuesta que provocó la conocida contestación.
Es muy posible que antes o
después Cela hubiera conseguido publicar el Pascual,
pero lo cierto es que esto se produjo gracias a su estancia en Hoyo y que las
cosas no eran sencillas, ni las circunstancias favorables, como lo prueban
tanto la reticencia de Baroja como la requisa que las autoridades ordenaron
hacer de la novela cuando Aldecoa publicó la segunda edición, ya en 1943, y eso
a pesar de algunas buenas relaciones que Cela debería tener con determinados
censores. Se ha dicho que Cela se adelantó y recogió él mismo todos los
ejemplares, pero más bien parece que, como cuenta su hijo, fue por las
librerías de Madrid, una a una, dando el aviso de lo que iba a ocurrir, con lo
cual la mayoría de los libreros esquivaron la actuación de la policía.
En noviembre de 2012, con ocasión
de conmemorar el 70 aniversario de la publicación del Pascual Duarte, se
celebró en Burgos una exposición de la que fue Comisaria Covadonga Rodríguez,
subdirectora de la Fundación Pública Gallega Camilo José Cela. El Correo de
Burgos recogió algunos datos que enriquecen este episodio definitivo de la vida
de Cela, como es por ejemplo una nota manuscrita en la que el autor, consciente
de que hasta ese momento había estado tocando todo tipo de teclas, afirma:
El 7 de diciembre de 1942 aparece mi novela
La familia de Pascual Duarte. Se acabó el divagar.
También es curiosa una carta de
Rafael Ibáñez de Aldecoa en la que, confianzudamente, dice al joven Cela:
Bueno majo,
un fuerte abrazo deseándote un feliz éxito. El toro ya está en la plaza,
veremos cómo va la lidia
¡Pues como para salir por la
puerta grande!
Por último, una petición del
editor:
No olvides
dar el toquecito correspondiente a Baroja como te pedí
Toquecito encaminado a que don
Pío prologase la novela, petición que no fue atendida en aquel momento, pero sí
en la tercera edición que salió con una faja en la que Baroja recomendaba su
lectura.
El resto, es decir, la emisión en
español de la BBC, la mimetización con Rommel:
El zorro del desierto, etc., ya es
historia que en la medida en que se alejan de la estancia de Cela en Hoyo y sus
efectos más inmediatos dejan de ser pertinentes para su uso en este Blog, voluntariamente restringido al
verano del 42.
Lo que importa es que la
publicación del Pascual es la condición necesaria, el pistoletazo de salida,
para una espectacular carrera literaria, y eso se fraguó en Hoyo de Manzanares.
[1] Juan Manuel Hortelano Fdez de Usera, miembro de la Asociación Cultural El Ponderal, al observar la foto, me hizo notar que lo que tiene Camilo en la mano es el cráneo de un jabalí, que encontraría durante el paseo.
[2] Entrevista
con Rafael Ibáñez de Aldecoa, realizada por Ángeles Gil para El País, el
4 de marzo de 1982


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