sábado, 17 de enero de 2026

Adónico

Quizás a algún curioso lector (Dios le bendiga) le habrá podido llamar la atención la curiosa estructura del poema Nupcial. A los que sabemos poco o nada sobre poesía nos sorprende todo cuanto se sale del clásico soneto, con su métrica y su rima académicas.

Aunque Cela no se prodigó en la poesía, debía tener una cierta debilidad hacia ella, ya que en cuanto podía recurría a versificación para volcar en el papel sus más íntimos sentimientos. Hay numerosos ejemplos de ello en su obra y en su correspondencia, pero quizás lo más llamativo sea que su primera obra (aunque no su primera publicación) fuera el poemario: Pisando la dudosa luz del día, que estuvo hibernando en sus cajones desde 1936, año en el que lo escribió, hasta 1945, año en el que vio la nada dudosa luz de su publicación.

Fue al leer este poemario cuando me encontré con la curiosa circunstancia de que Cela ya había utilizado la peculiar estructura de Nupcial, en el poema que “separa” una primera parte de Pisando, dedicada al dolor, la enfermedad y la soledad, de la segunda, dedicada íntegramente a la muerte, la de T.V. (Toisha Vargas) y por extensión a la muerte en general.

Las dos últimas estrofas de ese poema que Cela tituló: Tránsito adónico, son las siguientes:

O nuestros ojos, o nuestras orejas rigurosas:

Bien saben los crucificados que hay instantes que pesan

como alacranes!

Y, oh muchacho adónico terminado en un rabo

como una golondrina madre:

Oh, pentasílabo

Sólo pretendo, aquí, resaltar el uso de esa particular estructura en ambos poemas, Nupcial y Tránsito, así como la utilización del adjetivo “adónico” con el que Cela debía estar familiarizado y que, para ignorantes de la poesía, como yo, resultaba poco cercano.

Grabado de Enrique Herreros
Más allá de esa coincidencia en la estructura, ambos poemas son antitéticos; mientras que el Tránsito adónico nos transmite imágenes algo surrealista de dolor y pesadumbre, Nupcial es un canto metafórico a la vida y la esperanza. ¡Vive la différence!, que dirían nuestros vecinos del norte.


Para terminar, vuelvo al término adónico y a su aparición en un poema tan popular y cercano como La venganza de don Mendo. En su cuarta jornada, Muñoz Seca, incluye una conversación entre el Marqués de Moncada y Alfonso siete (El Emperador) a la entrada de la Cueva de Algodor, en la que el Rey se va a encontrar con Magdalena. El Marqués, alabando las virtudes de la Cueva dice:

Y entre estos peñascos romos,

en este lugar perdido,

que semeja un bello nido

de ninfas, hadas y gnomos;

en esta penumbra grata,

bajo esta bóveda oscura,

y oyendo cómo murmura

la limpia fuente de plata,

cualquier dicho gallofero

parecerá un verso adonio;

cualquier corcova, un Petronio,

y cualquier besugo, Homero.

Con ello, pone de manifiesto el alto aprecio que don Pedro y los amantes de la poesía tenían del término adónico.

 

Nota bene

Mi hija me sugiere que, tal vez, el adjetivo adónico del Tránsito lo utilizó Cela como sinónimo de hermoso y no para calificar al poema. Puede tener razón. Donde no hay duda es en Moncada, ya que habla de verso adonio.

  

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